Escrito por Antonio Díaz Oliva el 6 de enero de 2008 en Paniko.cl
En Pendejo, el tercer libro del cronista Gonzalo León, siguen las historias de putas y el descuero al chauvinismo local. Conversamos con el autor de una de las trilogías más criollas del último tiempo.
Como pueden ver he llegado al departamento del escritor y periodista Gonzalo León. Es martes en la tarde y afuera dos tremendas excavadoras piquetean el cemento. Pero aunque el ruido se haga insoportable en el transcurso de esta entrevista, Gonzalo León se las arreglará para contar sobre Pendejo. Su novela donde narra las peripecias que pasa León -su alter ego o algo así- camino a convertirse en escritor. Desde las celebraciones chauvinistas de un país en dictadura por la obtención del título miss universo en un certamen de belleza, las variadas veces en que se va con putas de dudosa calidad, hasta la publicación de su primer libro La Ley del Hielo a comienzos de los noventa.
De eso y un poco más tiene Pendejo, tomo con el que viene a cerrar la trilogía literaria que empezó con Pornografía Pura (2004) y siguió con Punga (2006). El primero corresponde a varias crónicas sobre personajes como Jorge González o el escritor Mauricio Wacquez y el segundo una suerte de best of de su trabajo como cronista en la sección A Sangre Fría de La Nación Domingo.
En la siguiente hora Gonzalo León: 1) Hablará sobre Roberto Bolaño reiteradas veces. 2) Asegurará hasta el cansancio que la nueva camada de escritores como Alejandro Zambra o Álvaro Bisama son lo mismo que la Nueva Narrativa. 3) Mencionará a escritores púberes como Pablo Toro, Esteban Catalán o Diego Zúñiga. 4) Alegará por el esnobismo cultural de los chilenos. 5) Invitará a una cerveza a este entrevistador, lo cual en cualquier escuela de periodismo sería considerado una falta ética. 6) Comenzará esta entrevista aclarando el nacimiento de Pendejo.
“Cuando me preguntaban en un bar por qué llegaste a escribir yo no sabía mucho qué responder, se me venían a la mente determinados hechos. Y los iba contando por separado. Entonces estas situaciones o capítulos o episodios son cosas que yo respondí en distintas épocas de mi vida cuando me preguntaba por qué escribía. Y que ahora junté en un libro”.
-¿Y la idea de hacer una trilogía?
-Eso sale cuando Martín Gambarotta, poeta argentino de la generación del 90, me dijo ‘ah, Pornografía Pura, Punga ¿ahora vas a escribir otro con P?’ Y yo dije bueno. No es gratuito, por eso pensé en un título con P. Escribir con una letra o sin ella, como Perec, es una intencionalidad. Con P empiezan palabras como putas, presidente, pololas, pajas…
-Padres, pérdidas… hay varias…
-Claro. Entonces tiene mucho significante. Como El segundo deseo que es de Ramón Díaz Eterovic donde explica al personaje Heredia. A su vez este libro explica, escrito desde la experiencia, la construcción del personaje que es León. A partir de aquí se puede explicar Pornografía Pura, Punga.
-¿A qué te refieres con escribir desde la experiencia?
-Lo que pasa es que en Chile existe una abnegación por la figura literaria, abnegación y desprecio. Yo en general, tiendo a venerar a la gente que todos desprecian. Escritores como Alfredo Gómez Morel o incluso Luis Cornejo.
“Paralelo a eso existe un endiosamiento a figuras como Pablo Neruda, Gabriela Mistral. Y Roberto Bolaño ahora último. Entonces uno para escribir algo sobre el fenómeno Bolaño o del legado de Bolaño, no tiene por qué leer a Bolaño. Yo cuando hice el artículo de Bolaño en La Tercera me había leído sólo un libro de él. En rigor uno habla del legado y el legado no es solamente en la obra. También es cómo se toman esa obra los otros escritores que vienen atrás. Y yo a esos escritores sí los he leído. A Zambra, o más jóvenes como Pablo Toro, Diego Zúñiga, Claudia Apablaza. O Carlos Labbé. Y a uno le queda claro el legado. El texto de La Tercera se llamaba Escribir sin Bolaño, no se trataba de no lean a Bolaño.
-Entonces es una suerte de consejo para las generaciones que vienen atrás…
-Ni siquiera, esa es como una apreciación para los que vienen tras esta veneración excesiva que se tiene por determinadas figuras, te puede llevar a escribir y leer mal.
“Después del artículo algunos escritores jóvenes me dijeron que cómo era posible que escribiera eso sin haber leído nada de Bolaño. Nada narrativo en todo caso, porque había leído los Perros románticos. Entonces me leí lo que mucha gente asegura que son los dos peores libros de Bolaño: Amuleto y El Gaucho insufrible. No sé poh, gente como Gonzalo Garcés y el crítico de libros de la revista Capital, me dijeron que eran los más malos. Pero es interesante leerse los peores textos, porque en el fondo uno sabe que es desde ahí hacia arriba.
-¿Y qué te pasó?
-Me gustó más Amuleto que el Gaucho… me parece que lo que Bolaño habla no tiene nada que ver con lo que me dijeron. Bolaño plantea algo que es terrible: cuando uno escribe deja de leer por placer, porque uno se transforma en un detective para saber cómo el otro huevón, el otro escritor la hizo.
“En el Gaucho… sale un texto que se llama El policía de erratas. Ahí está todo, la imagen del detective que está en todas partes, en las alcantarillas, en la novela policial, en la literatura. Como cuando Ricardo Piglia habla de esa figura del lector y escritor…
-El escritor como lector dice Piglia.
-Exacto, eso de que cuando uno está escribiendo, está leyendo. El escritor te plantea un texto y en ese texto uno se pone a aventurar, onda ese huevón va por aquí, por allá. En el momento en que yo cacho por donde va ese escritor, dejo de leer, porque ya no me interesa.
“Al final, la narrativa se trata de habilidad, del amague. Es muy importante que nunca te adivinen para dónde vas.”
-Cambiando de tema: ¿Cómo va Bilis, la revista literaria que estás manejando?
-Ya vamos a sacar el número B. Pero curiosamente con los escritores chilenos no ha habido mucha recepción. Esto pasa cuando una revista se instala, que provoca susceptibilidades. Ya no se ve la revista como un hecho cultural, se ve como un hecho político. A quién esto ayudando.
-¿Amiguismo, amistocracia?
-Claro, pero de hecho nosotros estamos como para meter gente totalmente contraria, huevás que a mí no me gustan como Alejandro Zambra y Álvaro Bisama, pero sus colaboraciones se cayeron. Ya dos veces. Me queda muy claro que por ahí no va la cosa. Y curiosamente afuera, gente como Edmundo Paz Soldán han colaborado al tiro.
-¿Y qué quieren con Bilis?
-Que sea un referente narrativo. En estos momentos, escribir narrativa es escribir un libro o salir en un fanzine. Lo que pasa es que desde la dictadura, hasta hoy día el medio literario es muy cerrado. Antes uno tenía la oportunidad de publicar, había alternativas de editoriales.
“Por eso entramos a trabajar con Nicolás Cornejo a coordinar la colección de narrativa de la Calabaza del Diablo y queremos hacer una especie de colección enfocada en jóvenes. Lo que pasa es que ahora no significa mucho escribir, un escritor no es importante ni para este país ni para otro. Quizás para Estados Unidos es importante porque a través de la escritura difunde ideología. Pero nosotros no difundimos nada, qué vamos a difundir ¿Cobre?
-¿Y entonces qué buscan con la parte narrativa juvenil de La Calabaza…?
-Lo que queremos hacer con esta colección que se llama Hazla corta es publicar libros de menos de 60 páginas de escritores jóvenes. Y todo destinado a crear ideología. No sólo vamos a seleccionar buenos textos, sino los textos que intente difundir la ideología de la editorial que es muy simple: esto es una mierda, no a la globalización. Entre un cuento que se desarrolle en Chile o Malasia, preferimos el de Chile. Por algo político. Porque no puede ser que todos los escritores chilenos quieran escribir en Anagrama. Eso es absurdo.
-Como cuando vino Jorge Herralde (editor) y todos los escritores chilenos le pasaban su manuscrito después de la charla.
-Claro, lo que pasa es que existe una negación del chileno hace rato. Yo creo que hay cuentistas de la nueva narrativa, como Jaime Collyer, a quien yo estimo mucho y que en Pendejo aparece, tiene por ejemplo un relato que sucede en Viena. Nada que ver con Chile entonces. Por eso te digo que Zambra y Bisama son sólo una revisión del fenómeno de la nueva narrativa, apuntan a lo mismo.
-Pero cuando salió Bonsái quedó la cagá y las dos generaciones de escritores se pelearon. Además igual plantean algo diferente en cuanto a escritura…
-No importa, son lo mismo. Si tú analizas de texto a texto Gonzalo Contreras y Zambra, es la misma huevá. Lo que pasa es que los polos iguales se repelen. Gonzalo Contreras tiene la misma negación para hablar de Chile, de la realidad, de lo que está pasando, el mismo eufemismo que Zambra. Es la misma huevá.
-¿Cómo así?
-Responden a un mecanismo que es globalizante es decir: una propuesta que podemos vender aquí y en la China. Y eso lo hace Ediciones B y ellos se adecuan a esa propuestas, porque por ejemplo Bonsái podría ser un libro que transcurriera durante la unidad popular…
-Pero de seguro Alejandro Zambra entiende la narrativa de otra forma…
-Sí, claro. Pero lo que pasa es que los narradores desde hace mucho tiempo le están haciendo la pega fácil al traductor, entonces escriben en español internacional, de aeropuerto.
-¿Sin chilenismos te refieres?
-Ajá. Y si vemos la narrativa cubana, por ejemplo, Pedro Juan Gutiérrez, que escribe huevás que uno no entiende y ni siquiera aparece explicado abajo. Eso no pasa acá y demuestra que muchos narradores chilenos no quieren nada de Chile.
-¿Pero eso no es Chile también? Para muchas personas eso de ser un país, digamos, “extranjerizable” es parte de la identidad…
-Sí, pero eso es un pensamiento de las élites, tanto política como económica. Y yo me niego a que eso suceda en la parte cultural. Si un compadre va a estar escribiendo así, yo me lo voy a mandar a guardar, porque vivimos en un país que se llama Chile. No vivimos en Internet, no somos el patio trasero de Estados Unidos ni España. Entonces que no hueven.
“Me acuerdo que al Raúl Ruiz lo entrevistó el Cristián Warnken. Y le preguntó: ¿a Ud. qué literatura le gusta?, ¿le gusta la literatura del boom?, ¿la de los 50?, ¿José Donoso? Y Ruiz dijo: no, no, a mí toda esa literatura, desde la generación del 50, me parece de un arribismo intelectual sublime que refleja a este país. Porque la verdadera literatura, y que a mí me gusta, es la literatura del criollismo, Federico Gana, Mariano Latorre. ¿Cachai a lo que me refiero? Porque hay que tener en cuenta que Raúl Ruiz es un tipo premiado en Francia, en Cannes y dice eso.
-Pero igual las nuevas generaciones de escritores tal vez vengan más extranjerizadas…
-Por eso escribí Pendejo. Y por eso no está dedicado a mí, sino a los pendejos de Chile para que lo que te expliqué no pase. En Chile se habla de las minorías: la de homosexuales, de pobres, etc. Y al final es como una gran minoría. Y a esa gran minoría yo le escribo. Al resto les diría lo de Jorge González: por qué no se van del país.
-¿Aunque Jorge González se fue y terminó haciendo electrónica?
-Ehhh sí, claro. Es que yo estoy hablando de la frase en este contexto.
-Ah, demás.
lunes, 7 de enero de 2008
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1 comentario:
tengo interes en leerlo
pero es algo asi tipo mufa/imitacion bukowski ?
porque bukowski es chinaski, y nadie escribe asi.
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