lunes, 31 de diciembre de 2007

El zoológico de los que ya no son

Presentación de "Pendejo"

Por Pablo Paredes

Que había sido democratacristiano es la información más perturbadora que me ha entregado Gonzalo León sobre sí mismo y esto es decir bastante. Si traspasara esta evaluación a esta novela, haciendo el ejercicio de leerla como un diario de vida, su vinculación con la Falange sigue siendo el lugar donde mi cabeza rebota y entiéndase este rebote como un piropo a la escritura de “Pendejo”. Esque nos hemos acostumbrado a oír a los ex militantes comunistas, a los ex pobres, a los ex cuicos, a los ex heterosexuales, sin embargo, acá se ha escrito de una categoría faltante en el zoológico de los que ya no son, acá se ha escrito desde un lugar sobre el que había caído el mero desprecio o la elaborada indiferencia. Es que en Chile el metarelato de indios y vaqueros ha tenido que dejar literariamente impunes a estos espacios intermedios que históricamente no resultan ser neutros y que, al contrario, se vuelven determinantes en las tragedias nacionales.
León comienza su novela subido en el bus del NO pero bajará de un automóvil muy distinto, quizá baje de un taxi, decepcionado, porque cuando el arcoiris se vuelve negro es simplemente una boquita triste. Entremedio irá saltando de auto en auto a toda velocidad por la panamericana pre Laquista como una película de acción de una tristeza infinita. Irá casi en un afán museológico o digamos zoológico para no abandonar la metáfora principal, citando desde Lihn a jovencillos casi ingoogliables. Insistirá en la confusión de las décadas denunciando esa claridad para diferenciar los Ochenta de los Noventa en la esfera macropolítica versus el revoltijo en los referentes más cotidianos de lo pop, deteniendo su relato para preguntarse si es que en el momento que construye o recuerda, los envases retornables ya eran de plástico. Esta pregunta es clave, pues en ella radica un juicio al proyecto democrático chileno y si no es así que me perdone León por mi paranoia con intereses creados. Pero no creo equivocarme pues más tarde en “Pendejo” el protagonista es encarado con un “una cosa es no tener trabajo y otra cosa no poder conseguir dinero”. Esta oración que reza el secretario de Jorge Teilleir es otro cuchillazo en el corazón de nuestra fantasía de país tercermundista postulante a Portugal.
En fin, no he dicho nada del gran sueño de ser escritor que tiene el protagonista, pues creo que es lo menos (me) importa en este relato. Tampoco me he detenido em las putas porque detenerse ahí es echar raíces en las luces coloradas. He omitido, en esta pequeña presentación, a la paste base, a las pensiones universitarias, a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, pero tengo una coartada, después de leer “Pendejo” una imagen me persigue: en alguna sede de la Democracia Cristiana de la Quinta Región, poquito antes que gane el NO; León oye cómo su amigo tiene sexo con Carolina, sintiendo que ha perdido ese sexo, con una calentura triste escucha los gemidos hasta que un correligionario lo interrumpe, con lo que quizás debería ser el subtítulo de esta novela: León, dile a tus amigos que acá venimos a hacer política y no a culiar.

Presentación Pendejo

Escrita por Nicolás Cornejo

Intento decir algo inteligente, recurrir a la originalidad,

Pero en verdad no sé qué cresta se puede decir

Cuando un libro está recién escrito.

“Pendejo”, Gonzalo León (Libros La Calabaza del Diablo)


Escribir una novela referencial a secas pretende una complicidad mayor del lector con el autor. Si bien todos los escritos tienen retazos autobiográficos, imaginarios construidos de vivencias accidentales o voluntarias, no cualquiera arriesga el pellejo con sus iniciales entremedio de todas las páginas, ni menos recoge nombres ajenos para hacerlos propios, como si todos estuvieran condenados a ser personajes. En “Pendejo” el pacto entre el autor y el lector queda zanjado desde la primera frase. Cito: “La historia de esta novela, al igual que muchas otras, podría resumirse en dos: una verdadera y otra falsa, es decir, una que parece creíble y otra que nos gustaría creer”.
La lectura de esta historia podría ser simple: un pendejo quiere convertirse en escritor o, peor aún, tiene serias intenciones de publicar un libro. Las dos aseveraciones avanzan sobre una plataforma concreta y con un final más que evidente: la publicación del primer libro de Gonzalo León, “La ley del hielo”, en diciembre de 1994, por Editorial TiempoNuevo. Han pasado trece años del siniestro y ahora el pendejo con pretensiones letradas se ha transformado en el título de caracteres minúsculos de un libro. Han pasado trece años y la escritura de León madura y respira sobre sí misma con un texto que reflexiona la relación entre vida y literatura dentro de la realidad, donde termina por convencernos de que la vida es la que nos empilucha o nos escribe y no al revés.
Para lograr dicho cometido León narra sus días en Viña del Mar y la vida itinerante que comienza a llevar en Santiago una que vez que decide vivir en la capital. Es con estos elementos que construye el relato: a través de las relaciones que entabla con los personajes involuntarios que rodean su vida, como la de Condorito, sólo que aquí nadie cuenta chistes; a través de un lenguaje directo donde las comparaciones y otras figuras literarias se reducen a lo precario, pues, curiosamente, el pendejo no quiere hacer literatura.
“Pendejo” podría considerarse la obra de un escritor antisocial, que guarece en su domicilio, alberga cucarachas y reflexiona sobre su pasado para edificar un relato de peripecias pueriles en torno a la publicación de un libro: torpezas amorosas, putas a la chunia, marihuana y pasta base, trabajos inverosímiles, diálogos entre mudos, el cariño de su madre, estados de vagancia, lecturas y conversaciones sofisticadas, el odio a su padre. Puras pendejadas que aparecieron para quedarse, la pura realidad que te escribe y te borra cuando quiere.


lunes, 24 de diciembre de 2007

El escritor de los mundos invisibles


Escrita por Rodrigo Ramos Bañados en El Mercurio de Antofagasta el domingo 23 de diciembre de 2007

Gonzalo León, escritor y periodista, es conocido por sus crónicas extremas en el diario La Nación Domingo. León vive y cuenta -con humor negro- experiencias en contextos ajenos a su percepción de mundo. Así: se pasea entre pinochetistas y adictos al gimnasio, entre otros.
La referencia es el periodismo Gonzo -donde el periodista es parte de la historia - que inmortalizó Hunter S. Thompson a principios de los años 70, en Estados Unidos.
El versátil León -que usa gafas tipo Allende-, mantiene además una destacada y honesta obra literaria que está haciendo camino -como el metro en el subterráneo- dentro de la narrativa chilena.
Bajo el sello La Calabaza del Diablo editó recientemente su trabajo: "Pendejo".
"Pendejo es el cierre de la trilogía que se inició con Pornografíapura (2004) y que siguió con Punga (2006). Orden y Paria es otro registro, o tono más independiente, más ficcionado en el sentido tradicional. Ahí ningún personaje se llama como en la realidad, porque pensaba que si lo hacía ya no sería literatura, cuestión que después comprobé como una estupidez más de mi parte", explicó.
-¿Cómo surge tu interés por los mundos marginales, hay vivencia, autobiografía?
-Uno podría decir que un estudiante de la Universidad Católica que va a misiones o que trabaja en un Techo para Chile debería tener mi misma experiencia. De hecho, muchos la tienen. La diferencia radica, como dijo Hanif Kureishi, en que no todos son capaces de escribir estas experiencias.
Lo que yo hago es literatura con punto de vista, por lo que términos como marginal o underground no me reflejan para nada. Lo que sucede es qe el mundo de los mendigos, de los mapuches, el de los vagos, el de las prostitutas, que son un gran mundo o una gran mayoría nadie se detiene a observarlo ni menos a escribirlo. Yo sólo me tomo la molestia, porque me atrae, porque pertenezco a esa mayoría silenciosa e invisible.
-¿A qué huele el norte desde Santiago, a salitreras, narcotráfico, Rivera Letelier, terremotos, topless, mineros, cobreloa, san pedro, peyote, cobre, putas, perú, cowboys, contaminación o simplemente desierto?
-En literatura o en el mundo de la narrativa a Hernán Rivera porque él ha usufructuado de ese mundo, pero para mí el norte es el desierto, la nada, el paraíso o, mejor, el purgatorio de Zurita, donde sólo llegan los que no pueden ir directo al cielo. si fuera católico, creo que me tocaría ese purgatorio llamado norte.
-¿Es egoista, chismosa, competitiva y elitista la literatura chilena actual? ¿Hay tanta mala leche cómo un percibe desde acá?
La mala leche se explica por lo que dijo Bolaño en "El gaucho insufrible", en el sentido de que hoy los escritores pertenecen a las clases medias ansiosas de respetabilidad y, siendo escritor, es la manera más fácil de obtener esa respetabilidad que no da ser profesor, veterinario, o carabinero.
-¿Hacia dónde debe apuntar el escritor: a la denuncia social?
-El escritor es como ese personaje de "El hombre ilustrado", de Bradbury. en cada parte de su cuerpo hay una historia, o como dijo Hemingway, "yo escribo con mi corazón, con mi cerebro, con mis brazos..."
-Escritor de agua mineral, termino que tu acuñaste, entiendo es por el stablichsment literario capitalino
-Escritores de agua me refiero a todos aquellos que ven la literatura como una posibilidad de surgir o de conseguir esa respetabilidad de la que te hablaba. Y hoy por hoy muchos escritores jóvenes e inéditos piensan que con sólo leer lo que edita Anagrama y hacer lobby, pagando cenas o algunos cafés a escrítores mayores o críticos, basta para convertirse en escritores. Ser escritor no puede ser lo mismo que ser modelo de TV, en otras palabras las chicas que quieren ser modelos se acuestan con un productor, alguien que ya está en el medio, y ya está: son Kenita Larraín o cualquiera. -¿Cuál es la ventaja de publicar en una editorial como Calabaza del Diablo?
-Cuando decidí publicar "Pendejo" por la Calabaza del Diablo fue una decisión a largo plazo, es decir no me interesa publicar en otra editorial en el futuro. Mientras las condiciones no cambien, creo que no vale la pena, porque es lo mismo editar en Alfaguara, Planeta o Random. Es el mismo anonimato, la misma crítica, con distintos cócteles en los lanzamientos, pero creo que tengo una ventaja al ser amigo del director de la calabaza, Marcelo Montecinos.
-¿Qué es un escritor de provincia?
-Creo que abordar la provincia en términos geográficos es un error, porque casi todos los escritores habitan la provincia de sus propias propuestas literarias. Me refiero a que hoy ser escritor de provincia es escribir crónicas, hacer poesía mapuche y de género, escribir ciencia ficción.
Toda diferencia al discurso literario imperante -de rápido consumo- es de provincia, o marginal o periférico. En este sentido, adhiero a las palabras de josé leandro urbina, autor de la estupenda novela "Cobro revertido", cuando dice: "hoy por hoy me defino como escritor aficionado". y es que ser escritor profesional implica muchas cosas detestables.
-Antes de tu blog ( http://gozaloleon.blogspot.com/ ), leía tus crónicas por la Nación ¿Te molesta el mote de periodismo gonzo? ¿Hay que tomar algo antes para ir a meterse en una reunión de pinochetistas?
-Me da lo mismo. La otra vez un escritor que quiere publicar se enfrascó en una discusión conmigo para al final decirme: "no te pases rollos, tú eres un cronista y sólo estás a la altura de Pedro Lemebel". En vez de insulto a mí me pareció un halago, pero él estaba furioso. Con esto quiero decir que lo que hago en realidad en la nación domingo son crónicas, un género que pienso que debería leerse más.
-¿A qué autor recomendarías y que lees ahora?
-Intentaré unir las 2 preguntas en una sola: lo que leo, lo recomiendo. hay un cronista notable colombiano, se llama Alberto Salcedo y escribe para Gatopardo, Soho y otras publicaciones más. tiene un poco más de 40 años, pero debe ser una de los mejores cronistas latinoamericanos. Lo publicamos ahora en revista Bilis.
El otro es al que nombre en una pregunta anterior: el narrador josé leandro urbina y su "cobro revertido". Más que una novela de exilio, "Cobro revertido" es el retrato de la idiosincracia del chileno como perdedor. También me gustaría recomendar "Imperio", de Gore Vidal, un escritor estadounidense que habla del momento exacto en que EEUU se convirtió en imperio. Es una novela histórica-política muy prolija y entretenida. Pero además agregaría a otros como los chilenos poetas Pablo Paredes, Germán Carrasco, Bruno Vidal y algunos narradores muertos como Alfredo Gómez Morel, Ricardo Puelma, Vicente Pérez Rosales y otros vivos como Hernán Valdés, Roberto Merino, Luis López-Aliaga y por supuesto Nicolás Cornejo, director de revista Bilis.

Foto: Leandro Chávez

martes, 18 de diciembre de 2007

"Quise ser cura y abogado"

Entrevista aparecida en el diario La Nación el 13 de noviembre de 2007
Por Javier García


Gonzalo León publica novela sobre su infancia y se confiesa
“Quise ser cura y abogado”

El hombre de las gafas de marcos gruesos acaba de terminar una trilogía que hoy se cierra con “Pendejo”. Acá el cronista de La Nación Domingo habla de su pasado y critica a Alejandro Zambra y Álvaro Bisama. “Me produce rabia esa gente que se pasa por la raja la historia”, dice.

Estudió en los 80 en los Padres Franceses de Viña del Mar. "La manera más revolucionara era ser democratacristiano, porque todos éramos católicos y el que no, quedaba marginado de todas las actividades", relata Gonzalo León, quien, a pasos de cumplir 40 años, acaba de publicar "Pendejo", novela que cierra una trilogía iniciada con "Pornografíapura" y seguida por "Punga". Todos títulos editados por Libros La Calabaza del Diablo.
En su "libro más personal", como define "Pendejo", se mezclan recuerdos de adolescencia y juventud, de un León desorientado y en busca del destino. "No me gustaba Pinochet ni lanzarle piedras a los pacos, pero sabía que me interesaba escribir, a pesar de querer ser cura y luego abogado", dice y asegura que el libro "Chistes par(r)a desorientar a la policía/poesía", de Nicanor Parra lo iluminó y llevó por el camino. "Yo empecé escribiendo poesía, incluso me gané algunos concursos", señala, y luego indica que lo único que publicó fue un poema, que incluye en "Pornografíapura".
En "Pendejo", León relata su llegada a Santiago, sus primeras incursiones en el periodismo en revistas como "Apsi", su relación con algunos escritores de la Nueva Narrativa chilena y también su sobrenombre de colegio. "Me decían el Lapa . Yo encontraba muy cuicos a mis compañeros, pero en tercero medio me empecé a vincular con ellos casi por obligación y me pusieron ese seudónimo", dice el autor de la crónica dominical "A sangre fría", de La Nación Domingo, quien abre el libro con un epígrafe de Enrique Lihn: "Vivir en Chile no ha sido nunca, culturalmente hablando, vivir bien; en el día de hoy significa, quizá, la ruina".

RABIA SENTIMENTAL

En dos meses León escribió "Pendejo". "Fue como si estuvieras en la sala de operaciones y el cirujano te dijera, Permiso, tengo que ausentarme un momentito , como si en vez de una operación a algún órgano hubiese sido una operación sentimental", afirma. Y no es para menos, porque León relata incluso la perdida de su hijo.
En "Pendejo" escribe: "Con los años viviré con una chica, con la que perderemos un hijo tras un mes de espera. Y cuando ella, con desesperación, me interrogue dónde está él, yo le responderé que en los brazos de mi abuelo".
Al preguntarle si le complica el hecho de evidenciar tanto sus relatos, dice que "el libro es una especie de arte poética, la manera en que entiendo la narrativa, y por eso soy explícito en mis planteamientos, a pesar de que algún día me pueda arrepentir, pero me importa una raja".
En la novela hay un "pendejo" que sufre de insomnio y se levanta a pintar un bonsái, en alusión -dice León- a Alejandro Zambra. "Me produce rabia esa gente que piensa que Chile es una nación emergente, que se pasa por la raja la historia, ese Chile arribista que encarna Zambra y Álvaro Bisama, es lo más conservador y fascista que me ha tocado ver", sentencia. Por el contrario rescata a Roberto Merino. "Su obra habla de lo chileno, y debe ser el mejor escritor vivo que retrata nuestra identidad".Gonzalo León publica novela sobre su infancia y se confiesa
“Quise ser cura y abogado”

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20071112/pags/20071112203859.html