lunes, 31 de diciembre de 2007

Presentación Pendejo

Escrita por Nicolás Cornejo

Intento decir algo inteligente, recurrir a la originalidad,

Pero en verdad no sé qué cresta se puede decir

Cuando un libro está recién escrito.

“Pendejo”, Gonzalo León (Libros La Calabaza del Diablo)


Escribir una novela referencial a secas pretende una complicidad mayor del lector con el autor. Si bien todos los escritos tienen retazos autobiográficos, imaginarios construidos de vivencias accidentales o voluntarias, no cualquiera arriesga el pellejo con sus iniciales entremedio de todas las páginas, ni menos recoge nombres ajenos para hacerlos propios, como si todos estuvieran condenados a ser personajes. En “Pendejo” el pacto entre el autor y el lector queda zanjado desde la primera frase. Cito: “La historia de esta novela, al igual que muchas otras, podría resumirse en dos: una verdadera y otra falsa, es decir, una que parece creíble y otra que nos gustaría creer”.
La lectura de esta historia podría ser simple: un pendejo quiere convertirse en escritor o, peor aún, tiene serias intenciones de publicar un libro. Las dos aseveraciones avanzan sobre una plataforma concreta y con un final más que evidente: la publicación del primer libro de Gonzalo León, “La ley del hielo”, en diciembre de 1994, por Editorial TiempoNuevo. Han pasado trece años del siniestro y ahora el pendejo con pretensiones letradas se ha transformado en el título de caracteres minúsculos de un libro. Han pasado trece años y la escritura de León madura y respira sobre sí misma con un texto que reflexiona la relación entre vida y literatura dentro de la realidad, donde termina por convencernos de que la vida es la que nos empilucha o nos escribe y no al revés.
Para lograr dicho cometido León narra sus días en Viña del Mar y la vida itinerante que comienza a llevar en Santiago una que vez que decide vivir en la capital. Es con estos elementos que construye el relato: a través de las relaciones que entabla con los personajes involuntarios que rodean su vida, como la de Condorito, sólo que aquí nadie cuenta chistes; a través de un lenguaje directo donde las comparaciones y otras figuras literarias se reducen a lo precario, pues, curiosamente, el pendejo no quiere hacer literatura.
“Pendejo” podría considerarse la obra de un escritor antisocial, que guarece en su domicilio, alberga cucarachas y reflexiona sobre su pasado para edificar un relato de peripecias pueriles en torno a la publicación de un libro: torpezas amorosas, putas a la chunia, marihuana y pasta base, trabajos inverosímiles, diálogos entre mudos, el cariño de su madre, estados de vagancia, lecturas y conversaciones sofisticadas, el odio a su padre. Puras pendejadas que aparecieron para quedarse, la pura realidad que te escribe y te borra cuando quiere.


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